Vagaba solo a través de la oscura noche,
las sombras me arrancaban poco a poco
porciones de mi alma,
la rutina habia conseguido que perdiera
toda esperanza de salir de ella
y mis pensamientos estaban bañados
en el más oscuro de los negros.
Mi existencia era similar
a la de un gato callejero,
no dependía de nadie,
ni de nada y
unicamente me preocupaba por mi
propia supervivencia.
Sin embargo, esa tranquilidad
no duraría.
Aislado en una terminal,
rodeado de gente,
encontré su mirada.
Miré en el interior de sus ojos,
y sus ojos me devolvieron la mirada
como un cañonazo de luz.
La oscuridad de mi interior
comenzó a retorcerse,
poco a poco su luz la desprendía
de mi dolida alma,
poco a poco, el hielo que
rodeaba mi corazón comenzó a derretirse.
El renacimiento comenzaba.
Mis sentimientos despertaban
despues de su letargo.
Mi tranquila y negra
existencia se desvanecía
bajo el resplandor de aquellos ojos,
y ahora, heme aquí escribiendo
estas palabras, frente a las puertas del infierno,
sumido en las mas profunda
de las noches.
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