Poco a poco
me acostumbré
a la luz,
perdí el interés,
incluso dejé
paso a la oscuridad
otra vez.
Y ví mi alma dividia.
Hacerle caso a mi mente,
o hacerle caso a mi corazón.
Una parte de mi decía
que fuera sobre seguro,
mientras que la otra
me pedía emociones nuevas,
que me arriesgara y
que disfrutara.
Es irónico,
al mirar aquellos ojos,
todo parecía posible,
tenía fuerzas para lo que fuera;
y sin embargo, ahora,
tras las puertas del infierno
nada me parece real...
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